viernes, 9 de septiembre de 2011

Sin violencia, en la presencia de Dios

El principio que rige el proceso oracional es que 'todo sea sin violencia'. Todo ha de estar a la altura del corazón, donde la relación de amor se humaniza y donde la persona está contenida. En tu oración parte siempre de lo que sientes. Lo que sientes está más cerca de tu corazón, de tu necesidad y de cómo estás en este momento. Deja que se derrame tu corazón.

Las maneras de oración o modelos de orar de cada uno no nacen tanto de un método preestablecido sino de una manera de 'personalidad' o de un 'modo de 'estar' en un momento determinado. Éstos, en los comienzos, condicionan la forma de nuestra relación personal con Dios; condicionan, incluso, en gran medida, la preferencia por un modelo de oración o método determinado.
 
Pero, en todo caso: El principio que rige el proceso oracional es que 'todo ocurra sin violencia. Cuando se violenta, se falsea la verdad de nuestro modo de ser y de estar y la relación carecerá de sinceridad. Si, por ejemplo, estás triste, no te violentes para estar alegre. Parte de tu tristeza y deja que la relación fluya desde ella. Dios entiende nuestros vaivenes y nuestros niveles de superficialid.ad, fundamentalmente, iniciales.

Desde la actitud de no conflicto, de no violencia y de pobreza se pueden crear "modelos de oración" para todas las necesidades; modelos de oración que respondan a cualquier situación en la que el orante se encuentre. El orante, desde su situación particular y cambiante, puede buscar el modelo ocasional que le cuadre.
Recoge el esquema adjunto:

Y deja que el corazón cree su propio lenguaje.

lunes, 15 de agosto de 2011

La Asunción de la Virgen María - Solemnidad



Es una de las fiestas marianas más antiguas y, desde luego, la Más celebrada por el pueblo cristiano en todo el mundo. Es la fiesta del triunfo definitivo de María, con su gloriosa Asunción en cuerpo y alma al cielo para ser coronada por Reina y Señora de todo lo creado. Parece que tuvo su origen en Oriente hacia el siglo v, con el título de la Dormición de María, que más tarde (siglo VIII) se cambió por el de la Asunción. En Occidente aparece esta fiesta en el siglo VII y se propagó rápidamente por todo el mundo. El Misal mozárabe español contiene una misa de la Asunción de María del siglo IX, pero ya se celebraba la fiesta al menos desde el siglo VII, como atestiguan San Isidoro y San Ildefonso. San Pío V en 1568 mejoró mucho las lecciones del Oficio litúrgico. Y Pío XII proclamó dogma de fe la Asunción de María el día 1 de noviembre de 1950. Hoy es fiesta de precepto para toda la Iglesia universal y se celebra con el máximo rito de «Solemnidad».


Evangelio según San Lucas 1,39-56.

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Comentario del Evangelio por : San Elredo de Rielvaux (1110-1167), monje cisterciense, segundo sermon para la Asuncion.


    «Me llamarán bienaventurada todas las generaciones»

Si santa María Magdalena, que ha sido pecadora y de la cual el Señor ha expulsado siete demonios, ha merecido ser glorificada hasta tal punto punto que su alabanza permanece en la asamblea de los santos, ¿quién podrá medir hasta qué punto «los justos se gozan en la presencia de Dios y desbordan de alegría" refiriéndonos a la Virgen María, que no ha conocido barón?... Si el apóstol san Pedro, que no sólo no ha sido capaz de velar una hora con Cristo, sino que incluso llegó a renegar, ha obtenido tal gracia, que le han sido encomendadas las llaves del Reino de los cielos ¿De qué elogios Santa María no es digna, Ella que llevó en su seno al rey de los ángeles en persona, al cual los cielos no pueden contener? Si Pablo, que "no respiraba más que amenazas y matanzas con respecto a los discípulos del Señor»..., ha sido objeto de tal misericordia...que ha sido arrebatado «hasta el tercer cielo, sea en su cuerpo o fuera de su cuerpo", no es sorprendente que la santa Madre de Dios, que ha permanecido con su hijo en las pruebas que ha soportado desde el cuna, haya sido elevada al cielo, incluso en su cuerpo y exaltada por encima de los coros angélicos.
Si hay «alegría en el cielo ante los ángeles, por un solo pecador que hace penitencia», ¿qué hermosa y alegre alabanza se elevará ante Dios, ante la persona de Santa María, que nunca ha pecado?... Si realmente aquellos que «en el pasado estuvieron en tinieblas» y han llegado, por la gracia, a ser «luz en el Señor» «brillarán como el sol en el Reino de su Padre», ¿quién estará en condiciones de relatar «el peso eterno de gloria» de Santa María, que ha venido a este mundo «como Aurora que se levanta, hermosa como la luna, elegida como el sol", y de quien ha nacido «la luz verdadera que ilumina todo hombre en este mundo»? Por otra parte, ya que el Señor dijo: "El que me sirve, que me siga, y donde yo estoy, también estará mi siervo", ¿Dónde pensamos que está su Madre, que le ha servido con tanto empeño y la constancia? Si le ha seguido y le ha obedecido hasta la muerte, nos sorprende que ahora, más que nadie, "siga del Cordero dondequiera que vaya.»

(Referencias bíblicas: Lc 8,2; Sal. 149,1; Sal. 67,4; Lc 1,34; Mt 26,40.70; Mt 16,19; Hch. 9,1; 1Co 7,25; 2Co 12,2; Lc 22,28; Lc 15,7; Ef. 5,8; Mt 13,43; 2Co 4,17; Cc 6,9; Jn 1,9; Jn 12,26; Ap 14,4)  




sábado, 13 de agosto de 2011

Sábado de la XIX Semana del Tiempo Ordinario


Evangelio según San Mateo 19,13-15.

Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,
pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.


Extraido de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.


Comentario del Evangelio por : San Clemente de Alejandría (150-v. 215), teólogo

«El Reino de los cielos es para aquellos que se le asemejan»

Resulta claro que la pedagogía de Cristo es, según se desprende de su mismo nombre, la educación de los niños. Pero queda por examinar quiénes son estos niños a los que se refiere simbólicamente la Escritura, y luego asignarles el pedagogo. Los niños somos nosotros. La Escritura nos celebra de muchas maneras, y nos llama alegóricamente con diversos nombres para dar a entender la simplicidad de la fe.
Por ejemplo, en el Evangelio se dice: «El Señor, deteniéndose en la orilla del mar junto a sus discípulos —que a la sazón se hallaban pescando—, les dijo: «Niños, ¿tenéis algo de pescado?» (Jn 21,4-5). Llama «niños» a hombres que ya son discípulos.
«Y le presentaban niños» (Mt 19,13), para que los bendijera con sus manos, y, ante la oposición de sus discípulos, Jesús dijo: «Dejad a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como niños es el reino de los cielos» (Mt 19,14; Mc 10,13-14; Lc 18,15-16). El significado de estas palabras lo aclara el mismo Señor, cuando dice: «Si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3; cf. Mt 19,14). Aquí no se refiere a la regeneración (cf. Jn 3,3), sino que nos recomienda imitar la sencillez de los niños.
Son, por tanto, verdaderos niños los que sólo conocen a Dios como padre y son sencillos, ingenuos, puros, los creyentes en un solo Dios .A los que han progresado en el conocimiento del Verbo, el Señor les habla con este lenguaje: les ordena despreciar las cosas de aquí abajo y les exhorta a fijar su atención solamente en el Padre, imitando a los niños.
Por esa razón les dice: «No os inquietéis por el mañana, que ya basta a cada día su propia aflicción» (Mt 6,34). Así, manda que dejemos a un lado las preocupaciones de esta vida (cf. Sal 54 [55] ,23) para unirnos solamente al Padre.
El que cumple este precepto es realmente un párvulo y un niño, a los ojos de Dios y del mundo; éste lo considera un necio; aquél, en cambio, lo ama.

lunes, 1 de agosto de 2011

Lunes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario


Evangelio según San Mateo 14,22-36.

En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".
"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.
Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos,
rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.


                          ¡Señor, sálvame!

El hecho de que, de todos los pasajeros de la barca, Pedro se atreva a responder y pida al Señor que le mande ir hacia Él sobre las aguas, indica la disposición de su corazón en el momento de la Pasión. Entonces, él sólo, andando sobre las huellas del Señor, despreciando las agitaciones del mundo, comparables a las del mar, le ha acompañado con el mismo valor para despreciar la muerte. Pero su falta de seguridad revela su debilidad en la tentación que le esperaba; pues, aunque ha osado avanzar, se ha hundido. La debilidad de la carne y el temor de la muerte han obligado a llegar hasta la fatalidad del repudio. Sin embargo, grita y pide al Señor la salvación. Este grito es el gemido de su arrepentimiento...
Hay una cosa a considerar acerca de Pedro: él ha superado a todos los demás por la fe, pues mientras estaban en la ignorancia, fue el primero en responder: «Tú eres el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Fue el primero en rechazar la Pasión, pensando que era una desgracia (Mt 16,22), fue el primer en prometer que moriría y no renegaría nunca (Mt 26,35), fue el primero en negarse a que se le lavaran los pies (Jn 13,8) ; ha sacado también su espada contra quienes prendían del Señor (Jn 18,10). La calma que conocieron el viento y el mar cuando el Señor se subió a la barca representa la paz y la tranquilidad de la Iglesia eternal cuando regrese gloriosamente. Porque entonces vendrá y se manifestará, causando un gran asombro a todos: "realmente, Tú eres el Hijo de Dios". Todos los hombres harán entonces la confesión clara y pública de que el Hijo de Dios ha traído la paz a la Iglesia, no sólo en la humildad de la carne, sino en la gloria del cielo.

viernes, 22 de julio de 2011

Santa María Magdalena - Memoria


Evangelio según San Juan 20,1.11-18.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Comentario del Evangelio por : San Gregorio Palamás (1296-1359)

             "Ve a buscar a mis hermanos"

Entre las mujeres que llevaron el perfume a la tumba de Cristo, María Magdalena, es la única de la cuál celebramos su memoria. Cristo había expulsado de ella siete demonios (Lc 8,2), para dar cabida a los siete dones del Espíritu. Su perseverancia en permanecer cerca de la tumba, le ha valido la visión y la conversación con los ángeles y luego, después de haber visto al Señor, se convierte en su apóstol ante los apóstoles. Instruida y plenamente garantizada por la boca misma de Dios, les va a anunciar que ha visto al Señor y a repetirles lo que le dijo.
Consideremos, hermanos míos, cómo María Magdalena le precede en dignidad a Pedro, el jefe de los apóstoles, y a Juan, el discípulo muy amado de Cristo, y cómo, por tanto, ella ha sido más favorecida que éstos. Ellos cuando se acercaron al sepulcro, no vieron más que las vendas y el sudario; pero, ella, que había permanecido hasta el final con una firme perseverancia en la puerta de la tumba, ha visto, antes que los apóstoles, no sólo a los ángeles, sino al mismo Señor de los ángeles resucitado, en la carne. Ha oído su voz y así Dios, se ha servido de su palabra.


domingo, 10 de julio de 2011

XV Domingo del Tiempo Ordinario



Evangelio según San Mateo 13,1-23.
 
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!".
Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".
El les respondió: A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.
Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,
Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.
Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno". 


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 


Comentario del Evangelio por : San Cirilo de Jerusalén (313-350). Obispo y doctor de la Iglesia
 
«Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen»

Un árbol cortado vuelve a brotar. ¿No lo hará también un hombre que ha perdido su vida? Incluso lo que se ha cortado al segarlo se queda en las eras para que lo recojan. ¿Y no se quedará en la era el hombre que ha sido segado en este mundo? También los sarmientos de la vid y las ramas de otros árboles, cuando se cortan completamente y se trasplantan, cobran vida y reportan fruto. Y el hombre, por el cual son aquellas cosas, ¿no resurgirá aunque haya ido a parar a la tierra?

Si comparamos distintos trabajos o dificultades ¿qué es más, dar forma desde sus inicios a una estatua que antes no existía o restituírsela a una que la había perdido? El Dios que nos hizo de la nada, una vez que ya tuvimos existencia pero luego la perdimos, ¿no podrá de nuevo despertarnos a la vida? Si se desea, se siembra trigo o cualquier clase de semilla. Cuando la semilla cae, muere y se pudre: ya no sirve para alimento. Pero lo que se ha podrido brota de ahí como hierba y lo que al caer era pequeño se levanta ahora hermosísimo. Pero el trigo fue credo por causa nuestra, pues el trigo y otras semillas se hicieron no por sí mismos sino para nuestro uso. Y si las cosas que fueron hechas para nosotros reviven después de muertas, nosotros, por quien esas cosas se hicieron, ¿no resucitaremos después de muertos?
 


 

sábado, 2 de julio de 2011

El Inmaculado Corazón de la Virgen María – Memoria


Evangelio según San Lucas 2,41-51.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre,
y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.
Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos.
Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados".
Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?".
Ellos no entendieron lo que les decía.
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.


Comentario del Evangelio por : Beata Isabel de la Trinidad (1880-1906) carmelita descalza

"María conservaba todas estas cosas en su corazón y las meditaba" (Lc 2,19)

«La Virgen conservaba todas estas cosas en su corazón» (Lc. 2, 19 y 51): toda su historia puede resumirse en estas pocas palabras. Fue en su corazón donde ella vivió, y con tal profundidad que no la puede seguir ninguna mirada humana. Cuando leo en el Evangelio «que María corrió con toda diligencia a las montañas de Judea» (Lc. 1, 39) para ir a cumplir su oficio de caridad con su prima Isabel, la veo caminar tan bella, tan serena, tan majestuosa, tan recogida dentro con el Verbo de Dios... Como la de El, su oración fue siempre: «Ecce, ¡heme aquí!» ¿Quién? «La sierva del Señor» (Lc. 1, 38), la última de sus criaturas. Ella, ¡su madre! Ella fue tan verdadera en su humildad porque siempre estuvo olvidada, ignorante, libre de sí misma. Por eso podía cantar: «El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas; desde ahora me llamarán feliz todas las generaciones» (Lc. 1, 48, 49).
Esta Reina de las vírgenes es también Reina de los mártires. Pero una vez más fue en su corazón donde la espada la traspasó (Lc. 2, 35), porque en ella todo se realiza por dentro... ¡Oh!, qué hermoso es contemplarla durante su largo martirio, tan serena, envuelta en una especie de majestad que manifiesta juntamente la fortaleza y la dulzura... Es que ella había aprendido del Verbo mismo cómo deben sufrir los que el Padre ha escogido como víctimas, los que ha determinado asociar a la gran obra de la redención, los que El «ha conocido y predestinado a ser conformes a su Cristo» (Rm. 8, 29), crucificado por amor. Ella está allí al pie de la cruz, de pie, llena de fortaleza y de valor.